LA NECESARIA CONJUGACIÓN ENTRE EL CINE INFANTIL Y LA LITERATURA

By | 2017/10/25

Películas y libros: ¿Por qué es necesaria ésta conjunción?

Porque es imprescindible investigar las razones por las cuales es tan poco representativa la complementación entre estas dos expresiones artísticas para concretar películas de largometraje dirigidas a las audiencias infantiles. Sobre todo y teniendo en cuenta la enorme riqueza de las obras literarias escritas para los niñ@s y jóvenes y la muy limitada producción de obras cinematográficas.

Películas y libros

Si bien es considerable en el mundo la cantidad de películas realizadas partiendo de adaptaciones de obras literarias, son escasas las que se crearon y produjeron en nuestro continente, y su exigua producción acusa también la consecuencia de que tampoco fue la literatura infantil suficiente incentivo para que los guionistas, productores y directores de cine transiten el camino de crear obras audiovisuales para los niñ@s

La riqueza y la pródiga vitalidad que la literatura infantil tiene en nuestro continente, y que se manifiesta por sus cantidad de publicaciones, presencia en los anaqueles de las librerías y bibliotecas de las escuelas, contrasta fuertemente con la débil presencia de las películas infantiles en todas las pantallas, y si bien no es solo adaptando obras literarias que el cine tendrá mayor presencia en las salas, es ésa conjunción la que incentivaría la escritura de buenos guiones y en consecuencia la realización de mejores películas.

Similitudes y diferencias entre la literatura y el cine infantil.

Tanto la literatura como el cine infantil tienen en común que sus obras están  dirigidas a las infancias como sus específicos destinatarios. Y ambas pueden, por ésa misma razón, considerarse y analizarse como “un recorte” dentro de las artes en que se inscriben incluyendo todas las características, cualidades, ventajas y dificultades propias de cada una de esas expresiones.

Quizás el desafío y a su vez la diferencia más importante para abordar la creación de una obra dirigida al público infantil y que claramente se diferencia de la creación de obras para el público adulto radica en el hecho de que los libros como los guiones deben ser escritos teniendo en cuenta la asimetría o la desigualdad existente entre los autores y el público infantil. Y que no se trata de que el adulto asuma una actitud paternalista o “ponerse a la altura del niño” sino ¡y nada más y nada menos! recurrir a sus experiencias y a sus conocimientos para narrarlas de tal manera que los destinatarios sientan intenso interés en las historias. Sobre este tema voy a trascribir algunos párrafos de dos libros que ayudan a comprender este fundamental aspecto: “La literatura infantil” de Joel Franz Rosell y “Literatura infantil argentina” de Marcela Arpes y Nora. Al transcribirlas me voy a tomar la licencia de incluir entre paréntesis “cine infantil” a continuación de “literatura infantil”, “guión” a continuación de “escritura”, “autor” a continuación de “escritor y “espectadores” a continuación de “lectores” a fin de que se comprenda el paralelismo que deseo remarcar entre un escritor y un guionista:

Escriben Arpes-Ricaud: El escritor (el autor) le habla a un niño y al hacerlo necesariamente asume un tono, una actitud y la selección de ciertas operaciones retóricas que marcan su escritura y establecen, aun involuntariamente, un pacto de lectura. No estamos en presencia de un enunciador que instruye y juzga desde una posición de superioridad o diseña una ética maniquea desde su rol de autoridad, sino que se presenta como un locutor cómplice, conocedor del imaginario de sus lectores (espectadores) que simula establecer un vínculo de paridad.

 Y escribe Joel Franz Rosell: (…) El papel del niño en la literatura infantil (cine infantil) no es el de simple destinatario. Ellos, denominémoslos en toda su pluralidad, son el trozo de cristal polifacético, fotosensible y fecundo a través del cual el creador enfoca cuanto le rodea, le rellena… o le falta. 

 (…) No es la temática –ya se ha dicho suficientemente– lo que diferencia a la literatura  infantil (cine infantil) de la reservada a consumo adulto, es el tratamiento. Pero este tratamiento (de las formas y no sólo de los temas) no debe ser visto como el sometimiento del autor a las limitaciones de comprensión de cierto destinatario, sino como el aprovechamiento de las potencialidades expresivas de ese receptor, que no es un adulto en miniatura o en constitución, sino que posee maneras propias de interpretar y representar el mundo en que convivimos grandes y chicos sin que, por obra y gracia de esa mirada especial, éste sea igual para ambos. 

 ¿Qué pretenden los “grandes” cuando eligen un libro o una película para los niños?

La respuesta está estrechamente vinculada a un paradigma muy acendrado en la cultura de los países latinoamericanos. Elijo la palabra “paradigma” asumiendo su significado como lo  define la RAE: “teoría o conjunto de teorías cuyo núcleo central se acepta sin cuestionar y que suministra la base y modelo para resolver problemas y avanzar en el conocimiento”. O sea el sistema de creencias profundas y arraigadas en una sociedad que inciden en la manera en la que se interpreta los hechos y actúan en consecuencia.

¿Y cuál es ése paradigma que tanto ha marcado y obstruido el camino creador de la literatura y el cine infantil?: creer que por el solo hecho de estar dirigidas al público infantil deben ser, por sobre todas las cosas, obras para “educar”, término que la RAE lo define:

  1. tr. Dirigir, encaminar, doctrinar.
  2. tr. Desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño odel joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc. Educar la inteligencia, la voluntad.
  3. tr. Desarrollar las fuerzas físicas por medio del ejercicio, haciéndolas más aptas para su fin.
  4. tr. Perfeccionar o afinar los sentidos. Educar el gusto, el oído.
  5. tr. Enseñar los buenos usos de urbanidad y cortesía

Decía el gran escritor chaqueño Gustavo Roldán (1935-2012): “Hay demasiados educadores –los padres, la policía, la escuela y las iglesias–; la función de la literatura es cualquier cosa menos esa. Que de paso también educa, sí, pero esa no es su función”

¿Y por qué se arraigó tanto limitar los objetivos de las expresiones artísticas dirigidas al público infantil y juvenil al ámbito de la educación? ¿Acaso todas las obras de arte son expresiones que tienen como objetivo educar? ¿O solo las que están dirigidas a la infancia?

En realidad todas las preguntas expuestas como seguramente todas las que tácitamente también se nos presentan, van respondiendo como si en realidad fuera una sola la respuesta actitudinal: las obras literarias y cinematográficas infantiles deben cumplir con el requisito de educar y así poder formar parte del conjunto de herramientas para comunicar contenidos acordes a las consideraciones e intenciones de las políticas educativas de los adultos. …he arribado a la convicción de que los escritores infantiles tenemos una función educativa que cumplir…no he escrito que la literatura infantil tenga una función educativa que cumplir, sino que los escritores debemos realizar una labor educativa…con los adultos. Joel Franz Rossel.

 4.- “Educar”: las consecuencias del paradigma dominante.

Sin ninguna duda que las consecuencias que trajo aparejada la presencia cultural del paradigma de asociar a la literatura y al cine infantil con la educación fue muy diferente en ambas expresiones.

La industria editorial, instigada y/o acompañada por sus creadores, pugnaron para que sus obras trascendieran el paradigma de “educar para existir” y transitaran el acercamiento de los lectores con obras que tuvieran como principio preponderante el de entretenerlos, emocionarlos y que ellas mismas sean expresiones artísticas “autorales” y propias de las culturas de cada país. Joel Franz Rossel reflexiona: La literatura infantil ha debido luchar a lo largo de su historia, de poco más de tres siglos, contra la instrumentalización, contra su utilización como medio de educación, de armonización social, de trasmisión de una concepción del mundo. 

Y como decía Perrault en la introducción a los cuentos de “Mi madre la oca”:…Es que la infancia, desde que empieza a ser mirada como algo distinto en la corriente de la vida (no mucho más de doscientos años a esta parte), es una porción del tiempo humano que razonablemente es vista como la de los aprendizajes. La cuestión es en nombre de qué y bajo qué formas se promueven esos aprendizajes. En el caso de la literatura infantil, muchas veces ha sido a costa de la libertad del lector.

 5.- Del paradigma “educar” al paradigma “ocupar”

El “paradigma educar” también trajo otra consecuencia: que la presencia del cine infantil norteamericano domine los mercados locales y que haya generado otro y muy particular: el paradigma “ocupar”. Y que se relaciona con la transmisión de valores propios de la cultura que da origen a sus producciones y en consecuencia su presencia en todos los espacios lúdicos de las pantallas de cine y de todo el universo de las pantallas y pantallitas digitales.

El cine – como otras expresiones audiovisuales – incide en las maneras de interpretar e inclusive juzgar e imaginar los diversos aspectos de los sujetos y su entorno social condicionando el conocimientos de los mismos, el comportamiento de los sujetos y exponiendo la calidad de las relaciones entre los adultos y los niños.  André  Giroux en su libro “Cine y entretenimiento” refiriéndose al cine de dibujos animados de Walt Disney y extendiendo su expresión a todo el cine dice: …Las películas operan en varios registros aunque uno de los más persuasivos es el papel que desempeñan como “máquinas educativas” y que a veces tales películas poseen la misma autoridad cultural y legitimidad para enseñar roles específicos, valores e ideales que los emplazamientos tradicionales de enseñanza como las escuelas, las instituciones religiosas y la familia.

 Los niños, expuestos a la inmensa fuerza expresiva del cine y de todas las producciones audiovisuales emitidas por las pantallas y pantallitas, acceden en consecuencia al conocimiento de cómo se manifiestan las relaciones de poder y los distintos estereotipos ya sean de sexo, clases sociales y distintas etnias. De allí que es importante destacar no solo su valor como expresión artística y de entretenimiento sino la responsabilidad que los hacedores, distribuidores y exhibidores adultos tienen sobre esos consumos, debiendo el rol del Estado ser el más importante generador en la instrumentación de políticas culturales destinadas a las infancias.

6.- La unión hace la fuerza. A diferencia de las expresiones literarias y sus usinas locales de publicaciones, los creadores y productoras de cine, salvo contadas excepciones que no hacen más que hacer evidente su pobre presencia en las pantallas, compraron el “paradigma educativo”  y por supuesto casi no incursionaron en el campo del cine infantil dado que no les interesaba crear películas “educativas”. Pero tampoco demostraron interés alguno en plantearse la creación de películas dirigidas a las audiencias infantiles que trascendiera el paradigma. De hecho estaban alineados con él.

Esa limitada presencia del cine infantil en casi todos los países de nuestro continente hizo que no se convocara a los protagonistas de la literatura infantil a compartir producciones cinematográficas.  Aunque no tengo dudas que los “habitantes del mundo del cine” conocen y valoran las obras literarias locales y extranjeras, por lo menos al adquirir libros para sus hijos, sobrinos y nietos, aunque sin prestar suficiente atención a los valores que éstas tenían para ser adaptadas al cine ni percibir el interés de los chicos por los libros y que también, al igual que los juguetes y las pantallitas digitales, forman parte importante de sus espacios lúdicos. ¿Acaso el leerles el “cuento de las buenas noches”, por ejemplo, no es uno de los momentos lúdicos más gozados por ellos aunque el soporte no sea un libro propiamente dicho y se lo lea desde una tableta o un celular? Las pocas incursiones del cine infantil argentino adaptando obras literarias fueron siempre o casi siempre un éxito de taquillas.

Los niñ@s necesitan de películas argentinas

 

 

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