MIL INTENTOS Y A VECES…UNA PELICULA

By | 2013/10/11

“Los niños, esos seres extraños de los que nada se sabe, esos seres salvajes que no entienden nuestra lengua . Jorge Larrosa

El deseo de hacer una película para chicos emerge siempre acompañada con todos los sentimientos con que se presenta la idea de acometer una aventura o sea con las fantasías, los temores, las resistencias, los sabores y sus sinsabores y demás sensaciones que no por ya haber abordado ése desafío en diferentes oportunidades dejan de ser desconocidas y generar los mismos sentimientos.
Y si bien también es propio de ésta travesía desconocer su final, en la de hacer una película ésta incertidumbre finaliza, para bien o para mal, cuando ella (la película) solita se enfrenta con su público.

ALGUNA VEZ ESE NIÑO QUE FUI ME AYUDA
“…un niño siempre es un extranjero para los padres que lo reciben”

Siempre que inicio ésta aventura y comienzo a escribir el guión, la primera imagen que se me presenta es la de un chico de 7 u 8 años que está sentado en una butaca frente a una gran pantalla blanca de un cine esperando que mi película le cuente una historia que le haga reír o lo emocione hasta las lágrimas o todo junto. Pero ¿quién es ése niño que siempre se aparece sin que lo llame y sin permiso y además haciéndome saber con su presencia casi fantasmal que no me abandonará hasta que vea mi película proyectada en el cine?; ¿acaso es alguien que se presenta para hacerme recordar mi infancia?, ¿qué está ahí para que no me olvide que estoy trabajando para él?, ¿qué está ahí para hacerme recordar que mi película solo tendrá éxito si le gusta a él? No sé quien es pero cada vez que leo en la pantalla de mi computadora alguna situación o diálogo del guión, él está. Siempre está ahí…entre yo y la pantalla. Su presencia es un constante desafío para lograr que cada tanto me pueda encontrar con su sonrisa de aceptación y algo me dice que siempre va a estar para rescatarme de los laberintos y profundas ciénagas no develadas de mi infancia.

UN AUTOR DE CINE INFANTIL
“El papel del niño en la literatura infantil no es el de simple destinatario. Ellos (denominémoslos en toda su pluralidad) son el trozo de cristal polifacético, fotosensible y fecundo a través del cual el creador enfoca cuanto le rodea, le rellena… o le falta.”

¿Cómo hacer una película dónde exprese mis ideas y sentimientos y también le interese a los chicos? Es habitual responder a ésta pregunta contestando la segunda parte o sea: cómo hacer una película que les interese y por lo tanto se ignore la primera parte de la cuestión pues responderla obligaría a aceptar el compromiso de asumirse también como “un autor” al encarar una película para niños, niñas y jóvenes a diferencia de la otra que requiere más de un director-artesano que conozca las herramientas y las técnicas para contar bien una historia, despreocupándose si ésta responde a su necesidad de expresión autoral. Pero si deseo que mi película sea una obra dónde me exprese autoralmente es necesario reconocer que sigo teniendo todas las características esenciales emotivas de ése niño que fui pues fue en esos tiempos cuando comencé a convivir con las emociones, con el llanto, los miedos, los sustos, las angustias como así también con los placeres, las alegrías y las exaltaciones felices. Cito a Freud: (…) en el niño está en ciernes un adulto, no por la cronología sino porque en todo adulto hay algo de la infancia que no caduca con el tiempo. Lo más difícil para el adulto es reconciliarse con el niño que habita en él. Ese que se entristece, que tiene miedo, que se angustia, que se formula preguntas que no puede responder y que puede llorar como los niños. Si así fuera podríamos construir nuevas miradas de los niños. Miradas que se detengan no en lo que les falta ―porque en verdad nos les falta nada― sino en lo que tiene y en lo que es.
En realidad los que les hacemos películas a los chicos somos adultos que recurrimos a los recuerdos de la infancia que resistieron las embestidas de nuestra vida adulta que intentaron esconderlas en la oscura profundidad de la desmemoria. ¿Qué quiero decir con esto? Quiero decir que cuando me propongo contarles una historia a los chicos y aparece ése “niño que fui”, preguntándome ¿qué les querés contar?, mi respuesta surge con recuerdos de situaciones, frases, conflictos, que bien pueden corresponder a mi memoria emotiva de mis tiempos infantiles o conjugándose con vivencias del presente y una o varias de ellas sean el comienzo para crear una historia u orientar mi camino para encontrarla en alguna lectura, haya sido ésta escrita para niños o no, o en un acontecer o personaje a través del cual pueda expresar mis ideas (…) Al momento de abordar la escritura para niños, el primer gran desafío para los autores es el contenido de sus historias teniendo en cuenta que, en éste tipo de literatura como en ninguna otra, se da el fenómeno de la obvia desigualdad entre el escritor y el lector.

Hay un antiguo poema persa, uno de cuyos versos puede traducirse así: “Es el oyente el que da entusiasmo al narrador” (Abbas Kiarostami. Director de cine iraní).
El que un director de cine exprese sus ideas, sentimientos y opiniones a través de una película para el público adulto es, digamos, una cualidad autoral inserta en el imaginario del público. El mismo público que generalmente tiende a pensar que una película de cine dirigida a los niños debería cumplir con el único y primordial objetivo de distraerlos de sus conflictos propios que transitan como de las distintas realidades en las que están inmersos: (…) Para que la historia mantenga la atención del niño, ha de divertirle y excitar su curiosidad. Pero para enriquecer su vida, ha de estimular su imaginación, a clarificar sus emociones, hacerle reconocer sus dificultades, al mismo tiempo que le sugiere soluciones. Bruno Bettelheim.

EL NIÑO ES EL PADRE DEL HOMBRE. (Sigmund Freud)
“(..).cuando vemos un niño estamos en presencia de “el milagro de la natalidad”, es decir que con ése niño recomienza el mundo. (Annah Arendt)
“(…) se trata de confrontar nuestra observación de la realidad con nuestros sueños y de realizarlos escrupulosamente. (V.I. Lenin)

Cuando dejamos la niñez y a veces también con ella la capacidad de asombro y la noble indocilidad para aceptar las instituciones creadas, preparadas y organizadas para recibirnos, es posible que también extraviemos en el camino la capacidad de convocar el interés emocional e intelectual de nuestros espectadores. Pero, en la medida que sintonicemos nuestras disconformidades acerca del mundo en el que vivimos con la perplejidad del niño obtendremos su interés. En éste encuentro se apoya mi trabajo creador.
Si del niño de hoy devendrá el hombre del mañana no es aventurado predecir que los valores que sostendrán sus conductas mucho dependerán de las obras audiovisuales con las que se tropieza en todas las pantallas estén o no dedicadas o dirigidas a él. Y si revisamos ésta afirmación a la luz de las producciones que se les presentan por parte de aquellos adultos que deciden cuales son los contenidos que se les emitirán por TV, cuales las películas que se les exhibirán en las salas de cine o verán en DVD y cuáles los videojuegos que estarán a su alcance, veremos, sin demasiado trajinar, que en su casi totalidad son contenidos y formatos provistos por la industria del entretenimiento norteamericana y que en conjunto con los pocos provistos por la producción nacional , los remiten a un imaginario de la realidad que nada tiene que ver con sus necesidades, preocupaciones y si con el concepto del niño-objeto-consumidor en lugar del niño-sujeto de Derecho. ¿Y cuál es la concepción del mundo que en ésas obras subyace? Se puede decir, en palabras de Masterman , que “(…) el poder ideológico de los medios es, en cierto modo, proporcional a la aparente naturalidad de sus representaciones, puesto que la potencia ideológica de un producto mediático radica principalmente en la capacidad que tengan aquellos que los controlan y los elaboran, para hacer pasar por real, verdadero, universal y necesario, lo que son construcciones inevitablemente selectivas y cargadas de valores, en las que se inscriben intereses particulares, ideologías y modos de entender.”
Ya no se trata solamente de que los investigadores testimonien la influencia de esas obras audiovisuales en las infancias, sino que es necesario que se dediquen a desenmascararlas exponiendo sus intenciones, sus objetivos, las características de los mismos y descubrir y describir como impactan con sus formatos y contenidos en sus etapas evolutivas sobre todo y teniendo en cuenta que hoy los medios audiovisuales forman parte de su mundo lúdico gracias al cual desarrollan sus estructuras narrativas y las preparan y fortalecen o debilitan para cuando la etapa de la infancia dé lugar a la adultez. Es el arte, son las obras artísticas expresadas en películas, programas de televisión, videojuegos que cumpliendo el rol lúdico cumplirían con el objetivo de generar emociones, movilizando la sensibilidad, la intuición y todas ellas conjugadas en nuestro trabajo autoral.

Con la implementación de la nueva ley de medios audiovisuales se inaugura un gran desafío para nosotros los autores: demostrar que somos capaces de tomar muy en serio a la infancia creando obras que enriquezcan su mundo lúdico; y para los responsables y programadores de los medios públicos y privados, incentivar la producción nacional dedicándole todos los recursos económicos necesarios a la par que los que destinan para las obras de calidad dirigidas al público adulto como así también exhibir las producciones en los horarios adecuados y ampliar sus criterios de selección apoyando a todos los realizadores y productores que se arriesgan a incursionar en nuevas formas de expresión de legítimos contenidos, y sobre todo y de una vez por todas abrir todas las pantallas para que los niños, niñas y adolescentes expresen sus ideas, deseos y necesidades con frecuencia y libertad tal como lo recomienda la Declaración Universal de Los Derechos del Niño que no es otra cosa que cumplir con lo que expresa nuestra Constitución desde el momento que la ha hecho suya.

El otro gran desafío que abre ésta nueva etapa es el de integrar en los medios voces e imágenes que incluyan la riqueza de nuestra identidad y diversidad cultural latinoamericana. Que nuestros niños, niñas y adolescentes sientan, conozcan y puedan identificarse con sus semejantes nacionales y latinoamericanos para que en ése proceso de conocimiento fraterno enriquezcan su autoestima, sepan diferenciar y rechazar todas aquellas expresiones imbuidas de imágenes, palabras y conceptos discriminatorios y relacionarse con sus semejantes, cualquiera sea su género y origen cultural, desde los ánimos que alientan la paz y la igualdad. Es necesario destacar el importante aporte de la señal educativa PAKAPAKA que sin duda inicia una nueva etapa en los medios audiovisuales dirigidos a la infancia.

EL PARADIGMA DOMINANTE
Si. Se trata quizás de una cuestión de mercado. Lo que no se conoce no existe y, por lo
tanto, no tiene valor. Paul Auster.

El niño que me acompaña en todo el proceso de crear una película tiene miedo. El mismo que siento yo. El que dificulta mi tarea, el que muchas veces me impulsa a abandonarla, el mismo que necesito superar para seguir transitando la aventura: el miedo a que mi obra no se encuentre con el público a quién necesito descubrir al final de la travesía. Pero a pesar de saber que sin duda serán muy pocas las pantallas de cine que albergarán mi película y que serán muy pocos los días en que se exhibirá, será con ésa dolorosa certeza que estaré conviviendo hasta el final de la aventura. Entonces ¿por qué seguir adelante?, porque no solamente es una necesidad vital de mi existencia sino porque es el único medio de llegar a mis espectadores tratando de subvertir el paradigma dominante del mercado tal y cual se presenta en la actualidad dónde las apenas 800 pantallas de cine existentes en nuestro país están “ocupadas” por las películas bien denominadas “tanques norteamericanos” que a modo de innumerables blitzkrieg, o sea en poco tiempo y precedidos por intensivas campañas publicitarias, ocupan casi todas las pantallas ―sus campos de batallas― para exhibir sus producciones dirigidas a los chicos y a las familias y así apoderarse de lo único que justifican ésas guerras: las taquillas con sus millones de entradas vendidas y correspondientes dólares a la vez que consiguen que sean muy pocas, poquísimas, las películas argentinas para niños que se distribuyan durante todo el año ―y especialmente durante las vacaciones de invierno y verano― buscando conectarse con su público genuino y también con la mínima y justa pretensión de al menos recuperar sus costos para revertir la actual “libertad de mercado” por la vigencia de la “libertad de la diversidad cultural”.
(…)El destino reservado a los niños depende de la actitud de los adultos. La causa de los niños no será defendida con seriedad mientras no se diagnostique el rechazo inconsciente que induce a toda sociedad a no querer tratar al niño como persona, desde que nace, y frente al cual cada uno se comporte como le gustaría que se comportaran con él”. François Doltó.

Bibliografía:
El enigma de la infancia. Jorge Larrosa.
Extractado de Figuras de lo infantil (Ed. Nueva Visión) Leandro de Lajonquière
Literatura infantil. Un oficio de centauros y sirenas. Joel Franz Rosell. Lugar Editorial
Literatura infantil argentina. Marcela Arpes. Nora Ricaud. Edit. La Crujía.
Psicología de los cuentos de hadas. Bruno Bettelheim.
La enseñanza de los medios de comunicación. L. Masterman

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