LA RESPONSABILIDAD DE LAS ESCUELAS DE CINE EN LA MINUSVALORADA PRODUCCIÓN DE OBRAS AUDIOVISUALES DIRIGIDAS A LAS INFANCIAS.

By | 2016/11/05

Es poco creíble denunciar como causa principal de la minusválida presencia de producciones audiovisuales nacionales dirigidas a nuestras infancias, al dominio de nuestro mercado por parte de las productoras y distribuidoras norteamericanas. Lo cual no quiero decir que ésta realidad no exista, ¡por supuesto que existe! Pero lo que me importa dejar en claro en éstas líneas es que si queremos que nuestras infancias se entretengan, diviertan y valoren sus culturas, sería necesario incentivar la producción de obras audiovisuales para esos públicos, y para ello es imprescindible primero “aprender a crearlas”. De la misma manera que en las escuelas de cine y TV se estudia para crear obras para el público adulto y su existencia fue y es una de las causas principales de la cantidad, calidad, riqueza y diversidad de nuestra producción de cine, incluir las materias que enseñan el género infantil en los programas de estudio facilitará parecidos resultados en la producción de las obras de cine, de televisión, de animación y de los videojuegos.

Esta propuesta es válida en la medida que estemos de acuerdo en que todos los avances en los ámbitos de las ciencias y de las artes suceden cuando sus hacedores estudian y en ése aprendizaje profundizan las disciplinas en las que transitan. O sea, cuando aceptamos que es la educación la base de todos los cambios que necesita nuestra sociedad y la sociedad planetaria. De allí que la mayor presencia de obras audiovisuales dirigidas a nuestras audiencias infantiles no es una excepción y su desarrollo está absolutamente “atado” a la educación. Con educación tendremos profesionales que habrán conocido otro género dónde expresarse y con ello aproximarse a las infancias a través de obras que se comprometan en y con el bienestar de las mismas. Con educación aprenderán que las niñas, los niños y los adolescentes no pueden asimilarse a paradigmas imperiales que consideran a los niños como seres humanos a los que hay que “construir”, o transitar el paradigma burgués que cree que el niño “es como creen que es”. Sino aspirar a su conocimiento y a un encuentro democrático a través del dialogo entre las obras y  las infancias.

En Argentina hay aproximadamente más de 18.000 estudiantes de cine y de otras expresiones audiovisuales que cursan sus carreras en instituciones educativas públicas y privadas. Y, salvo en la carrera de cine denominada “Diseño de Imagen y Sonido” que se cursa en la Facultad de Arquitectura de la UBA y en la ENERC que es la Escuela de cine perteneciente al INCAA, ambas de carácter público, en todos los programas de estudio de las decenas de escuelas existentes en el país no existe materia alguna relacionada con el género infantil  (no confundir la enseñanza del dibujo animado con la enseñanza del género infantil). Esta realidad es la que inhibe seriamente la producción de obras audiovisuales de calidad dirigidas a las audiencias infantiles y juveniles.

Es imprescindible cambiar ésta realidad para que tenga un destino cierto la lucha por el logro de un mercado democrático en el que convivan las producciones nacionales con las producciones norteamericanas y de todos los países del mundo. Para ello los responsables de decidir los programas de estudio de todas las escuelas deberían incluir la o las materias y así dejar de ser cómplices de las políticas colonialistas que imperan en nuestro mercado.

Dialogar para democratizar el mercado con organizaciones empresarias representantes de la producción y la distribución y con las autoridades nacionales, es una tarea que solo tiene sentido cuando a la vez se educa a los futuros profesionales para que con sus conocimientos, el tiempo y la experiencia logren más y mejores expresiones audiovisuales dedicadas a nuestras audiencias infantiles.

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