“EL CINE INFANTIL NO DEBE LIMITARSE A SER EDUCATIVO” Entrevista a Alejandro Malowicki

By | 2012/05/11

En el 2011 estrenó Las aventuras de Nahuel, película en la que Alejandro Malowicki combina la técnica de animación con títeres. El director de cine, docente e investigador especializado en  guiones para películas infantiles opinó en el programa radial Palabras Rodantes que para que haya más cine para las infancias en la Argentina, además de una Ley específica que le permita a las producciones nacionales acceder a la pantalla, se necesitan cineastas formados en Infancia, Derechos de los Niños y entretenimiento infantil. ANITA publica la charla con el autor que, entre otras definiciones importantes, señala que al cine no le cabe únicamente la responsabilidad de educar.

¿Qué define la relación entre el cine y la infancia, qué cosas particulares tiene el cine pensado para niños?

Antes de abordar el cine para la infancia definamos qué es la infancia. Tal como declara la Declaración Universal de Derechos del niño, infancia es la etapa que llega hasta los 17 años. Digo esto primero porque por lo general cuando se habla de cine para la infancia se asocia a espectadores pequeños (4 a 7 años) o también al dibujo animado. Entonces, es importante aclarar que el cine para la infancia es hasta los 17 años.  Ciertamente hay varias etapas evolutivas. En el cine para la infancia muchas películas son de dibujos animados porque son para audiencias más pequeñas y otras son en vivo o en otro tipo de técnica para otra audiencia conformada por personas no tan pequeñas.

También tienen que ver con una realidad argentina: en general existe este mal entendido que el cine para la infancia es para pequeños y sólo son en dibujos animados. Porque en la República Argentina lamentablemente en los momentos donde más se da cine para la infancia que es en las vacaciones de invierno o verano las pocas pantallas que hay, sólo 800, están ocupadas por películas norteamericanas, los llamados “tanques”. Que vienen con muchas copias y ocupan casi todas las pantallas. Y como estas películas son en su mayoría con animación, efectos especiales, ahora en 3D, se tiene la idea de que el cine para la infancia es este. Obviamente no es así.  Porque también se hacen películas de infancia en la Argentina, no solo en Estados Unidos.

¿Cuál es la complicación en nuestro país para poder acceder a una diversidad de películas infantiles que nos haga presuponer que hay una búsqueda interesante en ese campo?

De hecho, en la Argentina en los últimos años hubo un incremento muy importante en la producción de largometrajes para la infancia. Hace tres o cuatro años atrás nuestro país no se caracterizaba porque a sus profesionales les interesara  realizar un cine para las infancias. Esto fue cambiando. Afortunadamente desde hace unos años tenemos una producción que va creciendo y hace que haya entre las películas terminadas, estrenadas en los últimos tres años y las películas que están en proceso de producción, unas 15 o 17.

Eso desde un punto de vista de producción. La pregunta es: ¿cómo es que el público no las conoce? Ahí tenemos un problema que tiene que ver con la exhibición de nuestras películas. Para las películas de adultos, el Instituto Nacional de Cine y Artes Visuales  tiene una reglamentación que se llama “cuota de pantalla”. Es una reglamentación donde se especifica claramente que las salas deben darle espacio a las películas argentinas. Esta reglamentación es general, es decir, no es específica para las películas infantiles. Ahora el problema con las películas argentinas infantiles o para la infancia es que debería, a mi criterio, el INCAA, generar una reglamentación específica. El sistema de exhibición de las películas para chicos no es igual que el sistema para adultos. Las películas para adultos se exhiben durante todo el año, en cambio la exhibición de las películas para chicos y jóvenes, en general, se concentra en las vacaciones de invierno y verano, con lo cual en muy poquitas semanas se tienen que exhibir muchas películas, no sólo las de origen norteamericano sino las películas que están en condiciones de ser exhibidas de origen argentino.  Y acá es donde se genera un problema muy serio, porque por un lado la escasez de pantalla que tenemos en el país y la enorme cantidad de copias con las que vienen las películas norteamericanas por otro, copan un mercado. Y si bien las empresas cumplen con una cuota de pantallas existente, no alcanza para defender las películas en tan corto tiempo. Por eso digo que hay que trabajar para lograr una cuota de pantalla que se ajuste en cuanto que nuestro público pueda conocer el cine que se hace en la Argentina y por supuesto que los chicos y los jóvenes tengan acceso a sus propias culturas, a su propia diversidad cultural. Que hoy en la actualidad el cine no lo tiene.

¿A partir de la implementación, accidentada, de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual ve una apertura a los cambios que usted cree necesario y esboza en su anterior respuesta?

En cuanto a la enorme importancia que tiene la aplicación de LSCA para la televisión y para todas las pantallas es importantísimo y estamos todas las productoras trabajando y generando contenido para las infancias. Por suerte en la televisión es un proceso que se está dando. Lamentablemente en lo que es a pantalla de cine todavía no hay señales. Desde la Asociación de Productores de Cine para las Infancias sostenemos la necesidad de que las películas para la infancia tienen que estar protegidas por una cuota de pantalla específica porque es un género específico que se exhibe mayoritariamente en una etapa específica del año que es muy corta. Por lo tanto, esas características que hacen al cine infantil argentino y al mercado hacen importante que el INCAA piense en la necesidad de generar una cuota de pantalla de cine infantil argentino. Sino todo este proceso que se generó hace tres años de aumento en la producción y el interés por el cine infantil corre serio peligro de que no se repita.

Respecto de este círculo virtuoso, ¿qué rol ocupa la formación de los productores ya que es  una propuesta específica para la infancia, en qué condiciones estamos en la Argentina, tanto en Buenos Aires como en resto del país, en cuanto a la capacidad instalada de los productores?

Para que haya una mayor producción de cine para la infancia, es necesario un desarrollo en cuanto a la educación de este género, instalando cursos específicos en las escuelas de cine que tenemos en nuestro país. Lamentablemente son muy pocas las entidades educativas en nuestro país que han incorporado esta materia en sus currículas. En la Argentina tenemos más de 15 mil estudiantes de cine repartidos en muchísimas escuelas de cine. El incremento de  producción argentina en general y la calidad de la producción cinematográfica se deben a la cantidad de estudiantes en las escuelas de cine de todo el país. Esto ha generado una cantidad de producción cinematográfica, documental, de guion. Entonces, tenemos un buen cine generado por una enorme cantidad de escuelas que han formado una cantidad de estudiantes en cine, técnicos en cine, para poder producir películas. De ahí se puede deducir que si esta materia se incluyera en las carreras podríamos llegar a tener  una producción cinematográfica para la infancia mucho mayor. Que no solo redundaría en la calidad de las películas que se están haciendo o que se harían, sino que el incremento de la cantidad traería también la posibilidad de tener las herramientas mucho más importantes para demandar cuota de pantalla. Hay que incorporar esta materia, y muchas escuelas no la ponen porque la infancia no les importa.

¿Como es la situación en otras partes de Latinoamérica?

Lamentablemente se repite. No hay ninguna carrera de cine que tenga incorporada esta materia en la curricula. Si algo se ha hecho ha sido motorizado por mí, debido a pedidos que se me han realizado a medida que se va conociendo mi actividad. Hay que generar docentes. Esta materia aporta cuestiones específicas que no tienen que ver con cómo hacer una buena película o saber cómo escribir un guion, sino que tiene que ver fundamentalmente con trabajar con la infancia, con conceptualizar la infancia y sus diversas etapas, comprender ese proceso complejo. No es lo mismo hacer una película para un niño de 5 años que para uno de 11. No es lo mismo hacer una película para un niño de 11 que para un joven de 13 o 14. Esto significa  no solo hablar de cine sino hablar de infancia, de percepciones, de modos de conocimiento, etcétera.

También incide en los imaginarios  que circulan en torno a lo que consideramos válido de ser contado para generar relatos que den cuenta de y estén acordes a las necesidades y búsquedas infantiles

Exacto. Siempre digo, no existen temas para la infancia. Todos los temas son posibles de transformarlos en una película y contarlos. Lo importante en realidad es cómo relatamos esos temas y es ahí donde se dan dos cosas importantes. Por un lado, la enorme diversidad de temas que tenemos para hablarles a nuestras infancias. Y por el otro lado, tenemos que conocer a nuestras infancias para saber cómo podemos hablarles de los temas que a nosotros como autores nos importa. Porque el otro concepto errado que existe, es creer que hacer cine para la infancia o televisión para la infancia es hacer cine educativo o televisión educativa. La televisión educativa o el cine educativo es un género muy específico pero no es el cine de entretenimiento. Parecería que el cine de entretenimiento es solo en la Argentina el que viene de Norteamérica.

En una producción suya “Las aventuras de Nahuel”, se ve el tratamiento de un tema como los pueblos originarios no desde una dimensión educativa sino desde el mismo relato.

Ese es un esfuerzo que un productor, director o guionista, tiene que hacer como trabajador en el arte. Si uno tiene una cosa interesante que decir hay que encontrar la manera de poder hacerlo de manera entretenida para que realmente el espectador se identifique no solamente con lo que le estoy contando, sino con cómo se lo estoy contando. Encontrar el equilibrio entre forma y contenido. Sobre todo con esta película que hice para espectadores pequeños.

También utiliza técnicas de dibujo o títeres pero se nota que el acento esta puesto en la historia.

Evidentemente el esfuerzo de una película en general está puesto en el guion. Tenemos que tener una buena estructura, un buen guion para hacer una buena película. Lo técnico también tiene mucho que ver sobre todo en una película para chicos donde el cine forma parte del mundo lúdico de los chicos. Por eso es algo muy importante, el mundo lúdico no es solamente los juguetes y los juegos, sino que hoy en día el mundo lúdico es la pantalla. Todas las pantallas forman parte del mundo lúdico de la infancia. El mundo lúdico y todo los sabemos, tiene que ver con al formación del niño, en un proceso de aprendizaje y reflexión. Los que hacemos cine para niños sabemos que estamos conectando con el mundo lúdico y el trabajo que tenemos que hacer tiene que ser teniendo en cuenta esa característica. Por ejemplo, evitando hacer un cine aburrido, autoritario. Buscando todo lo contrario, hacer un cine, entretenido, lúdico, divertido, donde uno indefectiblemente manifieste valores, pero una cosa es que un autor manifieste valores, es inevitable, y otra cosa muy distinta es que se asocie a los niños solo con seres a los que hay que educar y nada más. Hay muchas instituciones para la educación de los niños, no es la única función del cine.

ANITA. Agencia de noticias sobre Infancias de Tucumán. Argentina. 7/5/2012

Escrito por Eva Fontdevila

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