“CRONICA DE UN NIÑO SOLO”. EL DESPOJAMIENTO DE LA CONDICION DE INFANCIA

By | 2012/03/06

La primera vez que vi la película de Leonardo Favio “Crónica de un niño solo” fue durante el VII Festival Internacional de Cine de Mar del Plata en el año 1965. Estudiaba cine en la Escuela de Bellas Artes en La Plata, tenía 20 años y recuerdo que María Vaner, compañera y gran colaboradora de Favio, y a la que admirábamos por su belleza y porque formaba parte de ése cine independiente que se denominó NUEVO CINE ARGENTINO que reunía películas y directores como “Tres veces Ana” de José Cohon, “Los jóvenes viejos” de Rodolfo Kuhn, “Shunko” y “Alias Gardelito” de Lautaro Murúa, “La mano en la trampa” y “La casa del ángel” de Leopoldo Torre Nilsson, entre tantas otras bellas películas de aquel momento. Digo, estaba ella tratando de reunir a la mayor cantidad de personas convocándolas a asistir a la exhibición y nos pidió que la ayudáramos en ésa tarea a la que nos plegamos de manera muy entusiasta. Recuerdo que fue tal la conmoción que provocó la película en ésa primera exhibición, que fue necesario programarla con dos funciones más de las previstas.

También recuerdo lo ilusionados que estábamos con que iba a ganar el premio no solo a la mejor película sino al mejor director aunque no fue así porque para nuestro desencanto recibió la Mención Especial del Gran Jurado y el Primer Premio de la Crítica, lo cual visto a la distancia no era poco aunque sin duda insuficiente dado que desde hace muchos años y hasta la fecha “Crónica de un niño solo” está  considerada una de las mejores películas argentinas al igual que su Director, uno de sus mayores creadores y que siguió con su tarea ofreciéndonos películas de la calidad de “El dependiente”, “Juan Moreira”, “Nazareno Cruz y el lobo”, incluyendo su último film “Aniceto”, una hermosa recreación musical de aquella película que estrenó en el año 1965 y a la que denominó: “Este es el romance del Aniceto y de la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza…y unas pocas cosas más”.

El encuentro que para mi significó “Crónica…” fue muy importante porque ya en ésas épocas de estudiante andaba buceando en lo que iba a ser mi dedicación como director al cine dedicado a la infancia, y si bien la película no estaba dirigida al público infantil, buceaba en el sufrimiento de un niño, o sea, que, me presentaba la dura realidad de gran parte de aquellos seres humanos a los que yo quería llegar con mis historias. Y es hasta el día de hoy que no puedo olvidar a Polín cada vez que abordo la construcción de un guión y su consecuente realización. Sin ir más lejos, —y discúlpenme la referencia personal, pero es así como influye una inolvidable película en los que trabajamos en el cine—, ella me ayudó a comprender mejor el personaje-niño de “Las aventuras de Nahuel”, la última película que acabo de finalizar y que junto con “Juanito Laguna”, —personaje protagónico de la serie de Antonio Berni, de fuerte parentesco artístico con Polín—, me acompañaron, ayudaron y protegieron durante mi trabajo.

Desde aquella primera visualización de “Crónica…” he recorrido el transitar de Polín muchas veces y en todas ésas incursiones pude atisbar y sentir frente a sus imágenes diferentes lecturas acordes también a mi crecimiento, a mis preocupaciones políticas, a mis inquietudes estéticas; tratando siempre de encontrar respuestas a preguntas como ¿qué es la infancia?, ¿cómo se construye la infancia?, ¿cómo se define la condición de infancia?. Y si bien estas preguntas fueron intentadas de ser respondidas desde la sociología, desde la psicología, desde la pedagogía y que sin duda ayudaron y ayudan a develar ése insondable misterio no develado que es la infancia, creo que al ver “Crónica…” Favio nos propone internamos en ella no para ansiar comprenderla sino para hacernos sentir la enorme soledad de un ser humano al que le robaron la infancia como a tantos y que nunca tuvo la posibilidad de ser un niño porque nunca tuvo infancia. Porque si admitimos que la infancia es una construcción social, ¿cómo deberíamos definir ésa condición cuando nos encontramos frente a un niño como Polín que es un ser humano que no tiene recuerdos infantiles de caricias hogareñas, de juegos, de deseos y de alegrías. Polín es un niño que crece y que en ése devenir deambula sin esperanzas, salvo aquella de carácter inmediato y desesperado como es la de pasear con un caballo blanco. Porque la otra esperanza, la que nos insta a vivir, solo existe cuando nos ayuda a sostenernos en medio de la adversidad. Cuando antes de que sintamos el dolor de la desdicha hemos vivido alegrías que permanecen en nuestra memoria. Para quien no las conoce, como Polín, la esperanza no tiene valor y si no tiene valor no existe. Y al no existir en él, Polín deambula perdido, sin saber cómo protegerse ni tampoco pedir ayuda, como bien lo expresa Favio en la última imagen de su película cuando Polín, hundiéndose en la oscuridad de la noche, se aleja junto al policía que lo lleva detenido hacia el reformatorio en dónde adivinamos volverá a crecer en él la única esperanza que cobijó en su cortita vida que no es otra que la de volver a escaparse.

En un reportaje, el escritor Guillermo Saccomano fustigaba: “…Hoy, muchos niños no pasan de la cuna a la explotación. Pasan directamente de la cuna, si es que tienen cuna en la intemperie de la miseria, a la calle, al delito y la droga como antídotos contra el hambre, y después al fusilamiento policial.”

“Crónica de un niño solo” es la crónica de un niño solo pero no es la crónica de un solo niño es la de muchos niños. Niños que no conocen la infancia pero si el reformatorio, la cárcel, el calabozo, a niños violando niños, a adultos que se mueren cayendo de un andamio. Esa es la “Crónica de un niño solo”.

One thought on ““CRONICA DE UN NIÑO SOLO”. EL DESPOJAMIENTO DE LA CONDICION DE INFANCIA

  1. Diego Márquez

    Muy buen comentario sencillo, pero claro y sentido gracias! ¿tenés idea qué fue del protagonista, que hace de Polín (Diego Puente)?

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